Raúl Walter González Sanso

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Sociedad. Arte. Trabajo. Cultura.

Huella Viva es creada y dirigida por Raúl Walter González Sanso. Publicada desde Agosto de 2010. Sitio informativo-educativo sin fines de lucro.

                           POESÍA



Grandes poetas de la historia


José Martí
















Nació en La Habana, Cuba, el 28 de Enero de 1853. Fue un célebre poeta e idealista político cubano. Nacido en el seno de una familia española con pocos recursos económicos, a la edad de doce años José Martí empezó a estudiar en el colegio municipal que dirigía el poeta Rafael María de Mendive, quien se fijó en las cualidades intelectuales del muchacho y decidió dedicarse personalmente a su educación.

El joven Martí pronto se sintió atraído por las ideas revolucionarias de muchos cubanos, y tras el inicio de la guerra de los Diez Años y el encarcelamiento de su mentor, inició su actividad revolucionaria: publicó una gacetilla El Diablo Cojuelo, y poco después una revista, La Patria Libre, que contenía su poema «Abdalá».

 

A los diecisiete años José Martí fue condenado a seis de cárcel por su pertenencia a grupos independentistas. Realizó trabajos forzados en el penal hasta que su mal estado de salud le valió el indulto. Deportado a España, en este país publicó su primera obra de importancia, el drama Adúltera. Inició en Madrid estudios de derecho y se licenció en derecho y filosofía y letras por la Universidad de Zaragoza.

 

Durante sus años en España surgió en él un profundo afecto por el país, aunque nunca perdonó su política colonial. En su obra La República Española ante la Revolución Cubana reclamaba a la metrópoli que hiciera un acto de contrición y reconociese los errores cometidos en Cuba. Tras viajar durante tres años por Europa y América, José Martí acabó por instalarse en México.

 

Allí se casó con la cubana Carmen Sayes Bazán y, poco después, gracias a la paz de Zanjón, que daba por concluida la guerra de los Diez Años, se trasladó a Cuba. Deportado de nuevo por las autoridades cubanas, temerosas ante su pasado revolucionario, se afincó en Nueva York y se dedicó por completo a la actividad política y literaria.

 

Desde su residencia en el exilio, José Martí se afanó en la organización de un nuevo proceso revolucionario en Cuba, y en 1892 fundó el Partido Revolucionario Cubano y la revista Patria. Se convirtió entonces en el máximo adalid de la lucha por la independencia de su país.

 

Dos años más tarde, tras entrevistarse con el generalísimo Máximo Gómez, logró poner en marcha un proceso de independencia. Pese al embargo de sus barcos por parte de las autoridades estadounidenses, pudo partir al frente de un pequeño contingente hacia Cuba. Fue abatido por las tropas realistas en Dos Ríos, Cuba, el 19 de Mayo de 1895, cuando contaba cuarenta y dos años. Martí es, junto a Bolívar y San Martín, uno de los principales protagonistas del proceso de emancipación de Hispanoamérica.

 

La obra literaria de José Martí

 

Además de destacado ideólogo y político, José Martí fue uno de los más grandes poetas hispanoamericanos y la figura más destacada de la etapa de transición al modernismo, que en América supuso la llegada de nuevos ideales artísticos.

 

Como poeta se le conoce por Ismaelillo (1882), obra que puede considerarse un adelanto de los presupuestos modernistas por el dominio de la forma sobre el contenido; Versos libres (1878-1882), La edad de oro (1889) y Versos sencillos (1891), esta última decididamente modernista y en la que predominan los apuntes autobiográficos y el carácter popular.
También escribió Flores del destierro y artículos sobre política, educación, ciencias sociales, historia, economía; una novela, una obra de teatro, folletos como El presidio político en Cuba   y toda una serie de comentarios sobre su época y personajes de su tiempo.

Poemas de Ismaelillo

José Martí (1882)

Ismaelillo, pequeño volumen que los emigrados cubanos de Nueva York conocieron en 1882, recién salido de las prensas, fue la luz anunciadora de la nueva poesía en la América Latina.
Pero antes de insistir en la significación auroral del libro que José Martí dedicara a su hijo vale la pena conocer las circunstancias que dieron origen a esa obra de tan alta calidad lírica y humana. Cuando le faltó a Martí la presencia de su hijo, entonces le nació y creció el hijo ideal, Ismaelillo, de la propia nostalgia unida a su desilusión. Se vuelve al recuerdo del hijo como hacia el único refugio posible. O, para decirlo con sus palabras, en demanda de un escudo. Con esta hermosa carta introductoria Martí dedicó a su hijo con infinita ternura el Ismaelillo, primer libro de versos escrito y editado por José Martí.

Hijo:
             Espantado de todo, me refugio en ti
             Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti.

Si alguien te dice que estas páginas se parecen a otras páginas, diles que te amo demasiado para profanarte así.
Tal como aquí te pinto, tal te han visto mis ojos. Con esos arreos de gala te me has aparecido.
Cuando he cesado de verte en una forma, he cesado de pintarte.
Esos riachuelos han pasado por mi corazón.
¡Lleguen al tuyo!
 



Príncipe Enano

Para un príncipe enano
Se hace esta fiesta.
Tiene guedejas rubias,
Blancas guedejas;
Por sobre el hombro blanco
Luengas le cuelgan.
Sus dos ojos parecen
Estrellas negras:
¡Vuelan, brillan, palpitan,
Relampaguean!
El para mí es corona,
Almohada, espuela.
Mi mano, que así embrida
Potros y hienas,
Va, mansa y obediente,
Donde él la lleva.
Si el ceño frunce, temo;
Si se me queja,-
Cual de mujer, mi rostro
nieve se trueca:
Su sangre, pues, anima
mis flacas venas:
¡Con su gozo mi sangre
se hincha, o se seca!
Para un príncipe enano
Se hace esta fiesta.

¡ Venga mi caballero
por esta senda !
¡ Éntrese mi tirano
por esta cueva!
Tal es, cuando a mis ojos
su imagen llega,
Cual si en lóbrego antro
pálida estrella,
Con fulgores de ópalo
todo vistiera.
A su paso la sombra
matices muestra,
Como al sol que las hiere
las nubes negras.
¡Heme ya, puesto en armas,
en la pelea!
Quiere el príncipe enano
que a luchar vuelva:
¡El para mí es corona,
almohada, espuela!
Y como el sol, quebrado
las nubes negras,
en banda de colores
la sombra trueca,-
El, al tocarla, borda
en la onda espesa,
mi banda de batalla
roja y violeta.
¿Conque mi dueño quiere
que a vivir vuelva ?
¡Venga mi caballero
por esta senda!
¡Éntrese mi tirano
por esta cueva!
¡Déjeme que la vida
a él, a él ofrezca!
Para un príncipe enano
se hace esta fiesta


                                      del libro Ismaelillo, de José Martí


Hijo del alma

Tú flotas sobre todo,
hijo del alma!
De la revuelta noche
las oleadas,
En mi seno desnudo
déjante al alba;
Y del día la espuma
turbia y amarga,
De la noche revuelta
te echa en las aguas.
Guardiancillo magnánimo,
la no cerrada
puerta de mi hondo espíritu
amante guardas;
¡Y si en la sombra ocultas
Búscanme avaras,
de mi calma celosas,
Mis penas varias,
En el umbral obscuro
fiero te alzas,
Y les cierran el paso
Tus alas blancas!
Ondas de luz y flores
Trae la mañana,
Y tú en las luminosas
ondas cabalgas,
No es, no, la luz del día
la que me llama,
sino tus manecitas
en mi almohada.
me hablan de que estás lejos:
¡Locuras me hablan!
Ellos tienen tu sombra.
¡Yo tengo tu alma!
Ésas son cosas nuevas,
mías y extrañas.
Yo sé que tus dos ojos
allá en lejanas
tierras relampaguean,
y en las doradas
olas de aire que baten
mi frente pálida,
Pudiera con mi mano,
cual si haz segara
de estrellas, segar haces
de tus miradas:
¡Tú flotas sobre todo,
Hijo del alma!


                                      del libro Ismaelillo, de José Martí


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 Jorge Manrique

Manrique

 













Sin conocerse exactamente la fecha ni el lugar de su nacimiento, podemos deducir que nació en Paredes de la Nava (Palencia) o en Segura de la Sierra (Jaén), entre la segunda mitad del año 1439 y la primera mitad de 1440. Era hijo de don Rodrigo Manrique, maestre de la orden de Santiago y de doña Mencía, que falleció cuando Jorge era apenas un niño. Su padre murió luego de padecer un cáncer, en 1476.

Heredó de su familia dos vocaciones: las armas y las letras. Entre sus parientes literatos, se destacó su tío, Gómez Manrique, gran poeta y autor dramático.
Sus actividades militares se despliegan a partir de 1465, tomando parte en la guerra civil entre el rey Enrique IV de Castilla y los nobles. Siempre acompañó a este rey en su lucha contra la nobleza y también estuvo junto a Isabel, en su enfrentamiento con su sobrina Juana.

Su obra es tan breve como su existencia. Sólo se conservan 48 poemas, siendo un poeta de transición, entre el medioevo y el Renacimiento, pero prevaleciendo el primero. Su obra se caracteriza por un lenguaje sencillo, de rima no muy cuidada, llegando a veces, al vulgarismo.




Coplas a la muerte de su padre

 

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte,
contemplando
cómo se passa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el plazer,
cómo después, de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiera tiempo passado
fue mejor.

Y pues vemos lo presente
cómo en un punto s'es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por passado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera,
más que duró lo que vio,
porque todo ha de passar
por tal manera.

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros, medianos
y más chicos,
allegados son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

Dexo las invocaciones
de los famosos poetas
y oradores;
no curo de sus ficciones,
que traen yerbas secretas
sus sabores.
A Aquél solo me encomiendo,
Aquél solo invoco yo,
de verdad,
que en este mundo viviendo
el mundo no conosció
su deidad.

Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nascemos,
andamos mientra vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenescemos;
assí que, cuando morimos,
descansamos.

Este mundo bueno fue
si bien usáremos dél
como debemos,
porque, según nuestra fe,
es para ganar aquél
que atendemos.
Y aun el hijo de Dios,
para sobirnos al cielo,
descendió
a nascer acá entre nos
y vivir en este suelo
do murió.

Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que, en este mundo traidor,
aun primero que muramos,
las perdemos:
dellas deshaze la edad,
dellas casos desastrados
que acaescen,
dellas, por su calidad,
en los más altos estados
desfallescen.

Dezidme, la hermosura,
la gentil frescura y tez
de la cara,
la color y la blancura
cuando viene la vejez,
¿cuál se para?
Las mañas y ligereza
y la fuerça corporal
de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega al arrabal
de senectud.

Pues la sangre de los godos,
el linaje y la nobleza
tan crescida,
¡por cuántas vías y modos
se sume su gran alteza
en esta vida!:
Unos, por poco valer,
por cuan baxos y abatidos
que los tienen;
otros que, por no tener,
con oficios no debidos
se mantienen.

Los estados y riqueza
que nos dexan a deshora
¿quién lo duda?
No les pidamos firmeza,
pues que son de una señora
que se muda;
que bienes son de Fortuna
que revuelve con su rueda
presurosa,
la cual no puede ser una,
ni estar estable ni queda
en una cosa.

Pero digo que acompañen
y lleguen hasta la huesa
con su dueño:
por esso no nos engañen,
pues se va la vida apriessa
como sueño.
Y los deleites de acá
son, en que nos deleitamos,
temporales,
y los tormentos de allá,
que por ellos esperamos,
eternales.

Los plazeres y dulçores
desta vida trabajada
que tenemos,
¿qué son sino corredores
y la muerte, la celada
en que caemos?
No mirando a nuestro daño,
corremos a rienda suelta
sin parar;
desque vemos el engaño
y queremos dar la vuelta,
no hay lugar.

Si fuesse en nuestro poder
tornar la cara fermosa
corporal,
como podemos hazer
el ánima gloriosa
angelical,
¡qué diligencia tan viva
toviéramos toda hora,
y tan presta,
en componer la cativa,
dexándonos la señora
descompuesta!

Essos reyes poderosos
que vemos por escrituras
ya passadas,
con casos tristes, llorosos,
fueron sus buenas venturas
trastornadas.
Assí que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores
y perlados,
assí los trata la muerte
como a los pobres pastores
de ganados.

Dexemos a los troyanos,
que sus males no los vimos
ni sus glorias;
dexemos a los romanos,
aunque oímos y leimos
sus historias.
No curemos de saber
lo de aquel siglo passado
qué fue d'ello;
vengamos a lo de ayer,
que también es olvidado
como aquello.

¿Qué se hizo el rey don Juan?
¿Los Infantes de Aragón,
qué se hizieron?
¿Qué fue de tanto galán?
¿Qué fue de tanta invención
como truxieron?
Las justas y los torneos,
paramentos, bordaduras
y cimeras,
¿fueron sino devaneos?,
¿que fueron sino verduras
de las eras?

¿Qué se hizieron las damas,
sus tocados, sus vestidos,
sus olores?
¿Qué se hizieron las llamas
de los fuegos encendidos
de amadores?
¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?
¿Qué se hizo aquel dançar,
aquellas ropas chapadas
que traían?

Pues el otro, su heredero,
don Enrique, !qué poderes
alcançaba!,
¡cuán blando, cuán halaguero
el mundo con sus plazeres
se le daba!
Mas veréis, ¡cuán enemigo,
cuán contrario, cuán cruel
se le mostró!;
habiéndole sido amigo,
¡cuán poco duró con él
lo que le dio!

Las dádivas desmedidas,
los edificios reales
llenos de oro,
las vaxillas tan febridas,
los enriques y reales
del tesoro,
los jaezes y caballos
de su gente, y atavíos
tan sobrados,
¿dónde iremos a buscallos?;
¿qué fueron, sino rocíos
de los prados?

Pues su hermano, el inocente
que, en su vida, sucessor
se llamó,
¡qué corte tan excelente
tuvo y cuánto gran señor
que le siguió!
Mas, como fuesse mortal,
metióle la muerte luego
en su fragua.
¡Oh, juïzio divinal!,
cuando más ardía el fuego
echaste agua.

Pues aquel gran Condestable,
maestre que conoscimos
tan privado,
no cumple que dél se hable,
sino solo que lo vimos
degollado.
Sus infinitos tesoros,
sus villas y sus lugares,
su mandar,
¿qué le fueron sino lloros?,
¿fuéronle sino pesares
al dexar?

Pues los otros dos hermanos,
maestres tan prosperados
como reyes,
que a los grandes y medianos
truxeron tan sojuzgados
a sus leyes;
aquella prosperidad
que tan alto fue subida
y ensalzada,
¿qué fue sino claridad
que, estando más encendida,
fue amatada?

Tantos duques excelentes,
tantos marqueses y condes,
y barones
como vimos tan potentes,
di, Muerte, ¿dó los escondes
y traspones?
Y las sus claras hazañas
que hizieron en las guerras
y en las pazes,
cuando tú, cruda, te ensañas,
con tu fuerça las atierras
y deshazes.

Las huestes innumerables,
los pendones y estandartes
y banderas,
los castillos impugnables,
los muros y baluartes
y barreras,
la cava honda, chapada,
o cualquier otro reparo
¿qué aprovecha?
Que si tú vienes airada,
todo lo passas de claro
con tu flecha.

Aquel, de buenos abrigo,
amado por virtuoso
de la gente,
el maestre don Rodrigo
Manrique, tan famoso
y tan valiente;
sus grandes hechos y claros
no cumple que los alabe,
pues los vieron,
ni los quiero hazer caros,
pues el mundo todo sabe
cuales fueron.

¡Qué amigo de sus amigos!
¡Qué señor para criados
y parientes!
¡Qué enemigo de enemigos!
¡Qué maestro de esforçados
y valientes!
¡Qué seso para discretos!
¡Qué gracia para donosos!
¡Qué razón!
¡Qué benigno a los sujetos,
y a los bravos y dañosos,
un león!

En ventura, Octavïano;
Julio César, en vencer
y batallar;
en la virtud, Africano;
Aníbal, en el saber
y trabajar;
en la bondad, un Trajano;
Tito, en liberalidad
con alegría;
en su braço, Aurelïano;
Marco Atilio, en la verdad
que prometía.

Antonio Pío, en clemencia;
Marco Aurelio, en igualdad
del semblante;
Adrïano, en elocuencia;
Teodosio, en humanidad
y buen talante;
Aurelio Alexandre fue
en disciplina y rigor
de la guerra;
un Costantino, en la fe;
Camilo, en el gran amor
de su tierra.

No dexó grandes tesoros,
ni alcançó grandes riquezas
ni vaxillas,
mas hizo guerra a los moros
ganando sus fortalezas
y sus villas.
Y en las lides que venció,
muchos moros y caballos
se perdieron,
y en este oficio ganó
las rentas y los vasallos
que le dieron.

Pues por su honra y estado,
en otros tiempos passados,
¿cómo se hubo?:
Quedando desamparado,
con hermanos y criados
se sostuvo.
Después que hechos famosos
hizo en esta dicha guerra
que hazía,
hizo tratos tan honrosos
que le dieron aun más tierra
que tenía.

Estas sus viejas estorias
que con su braço pintó
en la joventud,
con otras nuevas victorias
agora las renovó
en la senectud.
Por su gran habilidad,
por méritos y ancianía
bien gastada,
alcançó la dignidad
de la gran caballería
de la Espada.

Y sus villas y sus tierras,
ocupadas de tiranos
las halló,
mas por cercos y por guerras,
y por fuerça de sus manos
las cobró.
Pues nuestro Rey natural,
si de las obras que obró
fue servido,
dígalo el de Portugal,
y en Castilla quien siguió
su partido.

Después de puesta la vida
tantas vezes por su ley
al tablero,
después de tan bien servida
la corona de su Rey
verdadero,
después de tanta hazaña
a que no puede bastar
cuenta cierta,
en la su villa de Ocaña
vino la Muerte a llamar
a su puerta.

Diziendo: "Buen caballero,
dexad el mundo engañoso
y su halago,
vuestro coraçón de azero
muestre su esfuerço famoso
en este trago;
y pues de vida y salud
hezistes tan poca cuenta
por la fama,
esforçad vuestra virtud
para sofrir esta afruenta
que os llama.

"No se os haga tan amarga
la batalla temerosa
que esperáis,
pues otra vida más larga
de fama tan glorïosa
acá dexáis.
Aunque esta vida de honor
tampoco no es eternal
ni verdadera,
mas con todo es muy mejor
que la otra temporal,
perescedera.

"EI vivir que es perdurable
no se gana con estados
mundanales,
ni con vida deleitable
en que moran los pecados
infernales.
Mas los buenos religiosos
gánanlo con oraciones
y con lloros;
los caballeros famosos,
con trabajos y aflicciones
contra moros.

"Y pues vos, claro varón,
tanta sangre derramastes
de paganos,
esperad el galardón
que en este mundo ganastes
por las manos;
y con esta confiança,
y con la fe tan entera
que tenéis,
partid con buena esperança,
que esta otra vida tercera
ganaréis".

Responde el Maestre

"No gastemos tiempo ya
en esta vida mezquina
por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la divina
para todo;
y consiento en mi morir
con voluntad plazentera,
clara y pura,
que querer hombre vivir,
cuando Dios quiere que muera,
es locura."

Oración

"Tu, que por nuestra maldad
tomaste forma servil
y baxo nombre;
Tú, que a tu divinidad
juntaste cosa tan vil
como el hombre;
Tú, que tan grandes tormentos
sufriste sin resistencia
en tu persona;
no por mis merescimientos,
mas por tu sola clemencia,
me perdona."

Cabo

Así, con tal entender,
todos sentidos humanos
conservados,
cercado de su mujer,
y de hijos, y hermanos,
y criados,
dio el alma a quien gela dio,
ei cual la ponga en el cielo
en su gloria.
Y aunque la vida murió,
nos dexó harto consuelo
su memoria.



                                             Jorge Manrique


                      ................................                   



Cesar Vallejo






 


   
                            XLVIII
 


Tengo ahora 70 soles peruanos.
Cojo la penúltima moneda, la que suena
69 veces púnicas.
Y he aquí, al finalizar su rol,
quemase toda y arde llameante,
llameante,
redonda entre mis tímpanos alucinados.
Ella, siendo 69, dase contra 70;
luego escala 71, rebota en 72.
Y así se multiplica y espejea impertérrita
en todos los demás piñones.
Ella, vibrando y forcejeando,
pegando grittttos,
soltando arduos, chisporroteantes silencios,
orinándose de natural grandor,
en unánimes postes surgentes,
acaba por ser todos los guarismos,
la vida entera.



                          LVI

Todos los días amanezco a ciegas
a trabajar para vivir; y tomo el desayuno,
sin probar ni gota de él, todas las mañanas.
Sin saber si he logrado, o más nunca,
algo que brinca del sabor
o es sólo corazón y que ya vuelto, lamentará
hasta dónde esto es lo menos.

      El niño crecería ahíto de felicidad
                                    oh albas,
ante el pesar de los padres de no poder dejarnos
de arrancar de sus sueños de amor a este mundo;
ante ellos que, como Dios, de tanto amor
se comprendieron hasta creadores
y nos quisieron hasta hacernos daño.

      Flecos de invisible trama,
dientes que huronean desde la neutra emoción,
                                    pilares
libres de base y coronación,
en la gran boca que ha perdido el habla.

      Fósforo y fósforo en la oscuridad,
lágrima y lágrima en la polvareda.

 
 

                                    Cesar Vallejo
               (del libro Trilce -1922)

 

                                      .....................................................



Poesía de Córdoba



Arturo Capdevila





Reconocido poeta argentino. Tambien realizó otras actividades, además de las letras, como en docencia y la investigación académica.
Nació en Córdoba (Argentina), en 1889. Estudió en esa ciudad, donde se doctoró en Derecho y Ciencias Sociales, en 1913. Vivió allí hasta 1922, trabajando como magistrado y docente. En ese año se trasladó a Buenos Aires, donde continuó su obra literaria y de enseñanza.
Fue presidente del Instituto Popular de Conferencias del diario "La Prensa". Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en los años 1920, 1923 y 1931. La Sociedad Argentina de Escritores le otorgó el Gran Premio de Honor en 1949, en reconocimiento al libro de poemas "El Libro del Bosque". Fue profesor de literatura en la Universidad Nacional de La Plata.
Sus obras son muy numerosas y abarcan distintos campos. Comprende poemas, como “Jardines solos” (1911), “Velpámene” (1912), “El poema de Nenúfar” (1915), “El libro de la noche” (1917). Entre sus cuentos, puede destacarse “La ciudad de los sueños” (1925) y entre sus obras teatrales: “La Sulamita” (1916), “El amor de Schehrazada” (1918) y “Zincalí” (1927).
También escribió sobre temas históricos y sobre exponentes literarios: “Las invasiones inglesas” (1938), “Nueva imagen de Juan Manuel de Rosas” (1945), “Alfonsina” (1948), “Historia de Dorrego” (1949) y “El hombre de Guayaquil” (1950). 
Desempeñó cargos prestigiosos como el de miembro de las Academias de Historia y Letras de la Argentina y de la Academia Española de la Lengua. Falleció en Buenos Aires, en 1967.

             Datos bibliográficos: http://es.wikipedia.org/wiki/Arturo_Capdevila



                                      Poema



                             Sobre las ruinas

                             

                         Ayer pasó la muerte por mi casa...
                         Se hizo una noche solitaria en torno,
                         y en medio de las sombras de la noche,
                         se hacinaron escombros sobre escombros.

                          El isócromo golpe de las picas
                          desmoronó el hogar. Así fue cómo
                          se desplomaron los antiguos muros,
                          y hoy ya no son más que ceniza y polvo.

                          Un agrio ruido de hachas rechinaba
                          en el huerto infeliz. Tronco por tronco,
                          los árboles cayeron en un vasto
                          montón sobrío de ramajes rotos.

                          Noctívagos murciélagos, rondando
                          por el húmedo ambiente borrascoso,
                          con sus alas de trapa y de tiniebla
                          marcaban el compás de mis sollozos.

                          Unos búhos graznaban en la sombra...
                          Transido de terror, clamé socorro...
                          Dos búhos de la sombra me escucharon...
                          Se asentaron los dos sobre mis hombros.

                          Desde entonces, de pie sobre las ruinas,
                          a los recuerdos del ayer me acorro;
                           y cuando nadie mis angustias sabe,
                          doblo la frente, y por mis padres lloro.
 

                                                                               Arturo Capdevila



.................


María del Carmen Marengo




Nació en Balnearia, provincia de Córdoba, en 1968. Cursó estudios de Letras en la Universidad Nacional de Córdoba, en donde obtuvo el Profesorado y la Licenciatura en Letras Modernas de dicha carrera. Luego recibió el Postgrado (Master) en el CEA (Centro de Estudios Avanzados) de la U.N.C. y más tarde fue becada, realizando y diplomándose con el Doctorado en Literatura Latinoamericana en la Universidad de Maryland (EE.UU.)

El 24 de abril de 2009, en Córdoba, nació Leandro Angel, su primer hijo.
Desarrolló tareas docentes en el nivel secundario, en escuelas públicas y también en privadas. Luego ejerció la enseñanza en el nivel terciario y, hasta hoy, en el ámbito universitario (U.N.C.

Colaboró personalmente con libros destinados a bibliotecas de escuelas públicas.
Ha participado en numerosos congresos nacionales e internacionales, como así también ha sido incluída en distintas publicaciones de su país y del exterior, como por ejemplo en Biblioteca, de México, País secreto, de Ecuador y demás textos de difusión especializados. 
Como escritora posee una producción muy interesante que la ha llevado a obtener premios y reconocimientos en los distintos géneros:
En 1993 y 1994 le fue otorgado el Premio para Autores Inéditos de la Municipalidad de Córdoba, en los géneros de Poesía y Cuentos respectivamente.
Publicó los libros de poesía
El fuego invisible (Alción, 2001), El camino de los ángeles (Alción, 2003), El libro de los jardines y los abismos (Recovecos, 2007) y el ensayo Geografías de la poesía (Editorial de , 2006), por el que obtuvo el primer lugar en el Premio Luis de Tejeda 2005. Fue becaria de Fundación Antorchas entre 2000 y 2002 y entre 2003 y 2005.
En noviembre de 2010 se introdujo en el género narativo literario y publicó su primer novela: El legado (Alción, 2010)

 







                                   
Poemas


Las dos caras.
Cómo saber que son dos
si pertenecen
a un mismo cuerpo
a una misma cara
a una misma voz.
Sin embargo
son dos.
Antes y después.
Anverso y reverso.
Cómo saber que son dos.

                             De  El fuego invisible - Alción2001-




Un padre
que te suelta
la mano
un segundo antes
de que mueras.

Si sólo supieras
que no quería dejarte.

Y caminamos solos
por el día y por la noche.
Ddesde aquel día
caminamos solos.

Y todavía hay quienes ven
las hullas
del que nos llevaría de la mano.

Y nos convertimos
en niños
que van cantando con una escudilla.
Nos convertimos
en estatuas,
de esas que se deshacen
con solo tocarlas.

De pronto
nos dimos cuenta
de que íbamos a ser huérfanos.

El cielo
se nos vendría encima
como castigo.

Nunca más
podría vivir
tantos años,
tantos años,

Sin embargo
la rueda pasa
y yo con ella.


            De El camino de los ángeles -Alción, 2003-



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Alejandro Schmidt






Nació en Villa María, provincia de Córdoba, en 1955, en donde reside junto a su familia. 
Poeta reconocido. Trabaja actualmente ligado a la educación en el nivel medio.
Ha colaborado personalmente en ceder libros a escuelas y bibliotecas públicas.
Escritor y editor, ha producido numerosos textos poéticos que se encuentran en diversas bibliotecas argentinas y extranjeras.
A modo de folletos, plaquetas y libros ha publicado 30 textos de poesías, entre ellos:
Clave Menor (1983), Serie Americana (1988), Dormida, muerta o hechizada (1993)
El diablo entre las rosas (1996), El patronato (2000), Silencio al fondo (2000), Esquina del universo (2001), Oscuras ramas (2003), La vida milagrosa (2005), Llegado así (2005), Casa en la arena (2006) y Mamá (2007).
Dirigió la revista de divulgación literaria El gran dragón rojo y La mujer vestida sol (1987-1991).
Desde 1992 dirige Radamento, editorial de poesía. Fragmentos de su obra fueron traducidos al inglés, alemán, italiano y dos libros transcriptos al sistema Braile.            

        


 

                 PoesíaOSCURAS RAMAS



a veces pienso que somos
un pasatiempo de la luz

que morir es
otra montaña, allá
en la nieve

y vivir o vivir
algo de viento
entre las oscuras ramas
de lo cierto.




Carne vacía

 

Así es que los días se van
sin nadie,
por eso me arranco el corazón
y tomo su agua deliciosa

todos corren tras el viento

sólo un animal
el borde de la noche
espera

por esa carne vacía
y animosa.


(de Oscuras Ramas)






 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



 


 

 

 

 







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